
El amor es entonces, la eterna presencia inmaculada, divina y compasiva de Dios mismo y por esa absoluta condición, razón y promesa eterna, el amor jamás puede ser infernal, el amor jamás se puede coludir con el mal.
Ahora bien, podemos sufrir por amor, podemos morir de amor, todo esto es posible pero no porque el amor sea la causa del dolor, del sufrimiento, de la angustia sino porque el amor ama y perdona aún hasta quien lo hiere.