
Acaso, Dios mismo no murió en la cruz, todo este campo algún día será como este árbol caído o quizás un desierto, quizás tan solo polvo nada más. Y ¿Qué seré yo? Unos huesos blanqueados en el camino olvidado. Y entonces me estremecí cuando sentí que algo parecía llorar dentro de mí. Y vi, entonces que todo moría y lloraba porque el amor también, el amor que lo es todo, también moría. Pero me dije:
-¡No! No puede ser esto así, no puede ser.
Pero el árbol caído, sin palabras me dijo: “El amor es aquella flor que jamás debería morir, pero mírame a mi que ya no existo, que ya no soy. Dime, el amor así como todo, necesita de mucho, de tanto, de todo, y de todos, si acaso no lo cuidarás , si acaso no lo valoraras correrá de tus manos como el agua que se va , y que se cae , que se pierde.
¡No! - grité ¡No, el amor no se muere!
Y me voltee a ver el campo, sus flores, sus magníficos coloridos. Allí esta- dije. Allí esta también, allí esta vivo, pero luego inevitablemente otra vez frente al árbol caído, ¡que triste me sentí! ¡Que tristeza profunda! ¿Dime que te falto? ¿Dime si nadie te cuido? ¿Dime por que? Y comprendí que el árbol nace hermoso, que el campo, más maravilloso, algún día se irá de este sueño que parece la realidad. Sí el amor no se honra, no se quiere con todo el alma, se hace cenizas, y el viento lo esparce , y se va, y se va, y se pierde con el ultimo rayo de luz que se disipa en el horizonte, tu horizonte, el mío , el de todos. Y aquel árbol caído que en sus ramas resecas, y torcidas nos contiene, nos abraza, y nos reclama porque el amor no muere, como todo hay que cuidarlo con el alma sincera. Dios tendrá la respuesta porque venció la muerte. Mi esperanza, que el amor no muera, es que veamos el amor, como la meta suprema y no como aquel árbol caído, que quizás muere de pena. Quien diría, que hasta el amor entonces tiene el derecho supremo de morir si quisiera.
Abraza a tu ser amado, pero no solo con tus brazos, sino con lo profundo de tu alma, no sea que la indiferencia se lo lleve, se lo lleve y termine en una tumba fría.
Me agache y tome al árbol y lo acaricie, sentí su dureza, sus grietas secas, sus ramas caídas, partiste dije, porque no había entendido ante ti ayer, porque seguro entonces hoy tendrías por lo menos algo de vida, El amor a veces no pide mucho, o pide tan poco, no lo dejemos partir, y si así fuera, digámosle, Amor, amor te amo. Y aunque muriera renacerá. Con el paso de los días vi de aquel árbol caído posar aves, pequeñas flores nacer.
Si el amor no muriera, el sol y las estrellas brillarían por siempre, el cielo mismo la vida fuera.